martes, 15 de septiembre de 2015

Septiembre 2015

COLECTIVO CULTURAL NUESTRA AMÉRICA

Ley Nacional de Políticas Públicas para la 

Diversidad Cultural


Propuesta para debate


Una extensa Patria grávida de futuro


Deberán estar cerca del pueblo, que aporta (...) para la definición de la cultura nacional su misteriosa creatividad que lo convierte –además– en testigo insobornable. Testigo al que hay que escuchar con humildad, antes que intentar imponerle contenidos que él no reconoce como constitutivos de su ser, ni enraizados en la estructura íntima de su extensa Patria grávida de futuro. Juan Domingo Perón, Modelo argentino para el Proyecto Nacional

1. Cultura argentina, popular y suramericana para el siglo XXI 
La cultura es la producción social histórica de un pueblo. Como tal, es una “sustancia viva”, en constante movimiento y eterna recreación. Es un gran quantum integrador, por igual, de lo pequeño y de lo enorme; incluye cálculos e imaginerías, espiritualidad, costumbres y elaboraciones sólidas e incluye a las bellas artes, las tradiciones y, también, las formas de organización y las estrategias de supervivencia. La cultura, como tal, no se trasmite ni se comunica, no se propicia ni se inculca; no se puede acceder discrecionalmente a la cultura: se la habita; o no. Conforma el carácter, la idiosincrasia, el buen o el mal humor, el modo de ser, estar y actuar de una comunidad. 

Hay una cultura de la vida y hay una cultura de la muerte. Hay una cultura de la resolución pacífica de los conflictos y hay una cultura de la lógica amigo-enemigo. Hay una cultura ornamental, espectacular, inocua; distrae pero no perfecciona ni enseña: es funcional a los multimedia y los monopolios de la información al servicio del imperio. Hay una cultura identitaria, afianzada en el pasado, y hay una cultura siempre en construcción en las artes contemporáneas, en el espíritu malvinero, en la cancha, el piquete, las consignas políticas, los cánticos de las muchedumbres, el arte mural urbano, el diseño gráfico, el circo, la murga, la gastronomía, los centros culturales en el territorio, los sindicatos, las cooperativas, las unidades básicas, los comités, las organizaciones libres del pueblo, etc., etc. y en las variadas formas, gestos y creaciones simbólicas que residen en los hechos y universos de cada argentino, y de todos juntos en la vida cotidiana. 

Desde luego, nos encontramos con innumerables formas de expresiones culturales. Habitualmente son consideradas las bellas artes, el teatro, la literatura, las producciones audiovisuales, la música, la danza, la plástica. Y más recientemente se realza según su origen étnico. Pero también hay culturas de los jóvenes o de los ancianos, masculinas o femeninas, del trabajo, de la alimentación, de las prácticas médicas, de las cárceles, del deporte, etc. 

La creación de cultura es renovada, es constante, siempre con la posibilidad del diálogo y la confrontación: todo lo que nace del pueblo, todo lo que llega al pueblo, todo lo que escucha el pueblo. Un pueblo, entendido como naturaleza histórica, celebrante del compromiso en el presente y portador de un horizonte utópico; como espíritu de la tierra en movimiento, como multitud organizada y consciente. El pueblo al que canta Homero Manzi:

“Nuestra pobre América conquistada, a la que parecía no 
corresponderle otro destino que el de la imitación irredenta. 
No podíamos intentar nada nuestro. 
Todo estaba bien hecho. Todo estaba insuperablemente terminado. 
¿Para qué nuestra música? ¿Para qué nuestros Dioses? ¿Para qué 
nuestras telas? ¿Para qué nuestra ciencia? ¿Para qué nuestro vino? 
Todo lo que cruzaba el mar era mejor, y cuando no teníamos salvación 
apareció lo popular para salvarnos. 
Instinto de pueblo. Creación de pueblo. Tenacidad de pueblo. 
Lo popular no comparó lo malo con lo bueno. 
Hacía lo malo, 
y mientras lo hacía, creaba el gusto necesario para no rechazar la 
propia factura y, ciegamente, inconscientemente, estoicamente, prestó su aceptación
a lo que surgía de sí mismo, 
y su repudio heroico a lo que venía desde lejos. 
Mientras tanto lo antipopular, es decir, lo culto, es decir, lo perfecto,
rechazando todo lo propio y aceptando todo lo ajeno, trababa esa
esperanza de ser 
que es el destino triunfador de América.” 

El pueblo no es un sujeto abstracto: se manifiesta sobre todo en las horas de definición política, la fe, el combate o la celebración de conquistas sociales y es el gestor de las revoluciones. Emerge nítidamente en la cultura, en actividades y actitudes que deben ser el objeto de la atención gubernamental y del apoyo estatal.


2. Hacia una ley nacional de políticas culturales 
Nuestro país carece de una ley general sobre la cultura y las políticas culturales. La propia evolución de los procesos en los que estamos inmersos requiere de una norma general que oriente y organice la acción estatal en sus tres niveles (nacional, provincial y municipal) para apoyar la libre creación y el desarrollo de la cultura en la Argentina. 

Una norma general sobre las políticas culturales en el país debe fundarse sobre el concepto político más amplio, tal como fuera presentado por el Presidente Juan Perón en su alocución a la Asamblea Legislativa del 1° de mayo de 1974 y en el  “Modelo argentino para el Proyecto Nacional”: “para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que Argentina es el hogar”.

Argentina es para nosotros ese ámbito de dónde venimos, donde nos reconocemos legítimamente como propios en el mundo contemporáneo y donde podemos proyectar y realizar con plenitud nuestra vida. Esa Argentina que supera el paisajismo y la potencialidad de los recursos naturales es la Argentina habitada por un pueblo en su cultura, con una identidad de múltiples manifestaciones, con memoria y con futuro. 

La cultura concebida desde el nosotros, desde lo compartido como el hogar, es también un espacio abierto a la pluralidad de los que han concurrido y concurren a compartir el mismo ámbito. “Lo nacional es lo universal visto desde nosotros”, sentenció Jauretche pensando desde la Patria Grande. 

No podemos olvidar que el recurso político de la cultura no tiene un signo único y es utilizado con diferentes orientaciones. Para nosotros Cultura, Pueblo y Nación son términos que se corresponden. La visión de la Nación de los vencedores de Pavón implicó el avasallamiento consecuente de la cultura propia y la importación de expresiones ajenas. Junto con esta definición ocurrió un fenómeno demográfico migratorio, con sus implicancias culturales, que debe ser justamente valorado. Aún no se podido conformar un diálogo completo y genuino entre las cultura indígenas originarias, y las venidas de otras latitudes. Incluso, corremos el riesgo histórico de olvidar una expresión propia de nuestro pueblo: lo criollo, fruto del mestizaje y la interculturalidad. La Nación, en términos culturales, requiere de todas las expresiones propias, en diálogo con las matrices latinoamericanas, en un concierto universal. Hacia adentro, superada la etapa de homogenización impuesta desde mediados del siglo XIX, ahora debe superar la máxima aspiración de los centros de poder que es la política de valoración extrema del particularismo fragmentario y de destrucción de la unidad nacional. 

La agenda y el mapa de la diversidad cultural es un tema geopolítico que es presentado a la opinión pública como un “derecho de minorías”. Arturo Jauretche nos enseñó: 

"La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o mejor dicho, el entenderlo como hecho anticultural, llevó al inevitable dilema: Todo hecho propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era civilizado. Civilizar, pues, consistió en desnacionalizar". 

Curiosamente, desde el inicio de la década de los noventa el Banco Mundial se empeña en imponer una visión que niega al nuevo sujeto surgido de la mezcla de indios, criollos y europeos en la historia argentina y americana. Se impone una visión en que la pertenencia legítima surge de las comunidades originarias o de las clases medias globalizadas sin identidad. Lo demás no sirve, carece de legitimidad, y de espacio en los medios. El nuevo paquete de conceptos importados propone la desaparición del Pueblo (por la gente), de la Nación (por la sociedad), de la Cultura nacional (por culturas), y de la Patria (por el cosmopolitismo posmoderno). Bajo el imperio de la relatividad y el individualismo se rompe la solidaridad y la identificación en configuraciones mayores. O sea, la misma zoncera de siempre, con su incomprensión de la realidad. En vez de sanar una vieja herida americana cumpliendo con justicia la tarea histórica de recuperación plena de derechos de las poblaciones indígenas, se profundiza una diferenciación que agudiza viejos conflictos, se concentra en paliativos, se descalifica la experiencia histórica y nos debilita en el presente. 

La diversidad cultural argentina es la propia de nuestra nación en su devenir. Conjuga en sí la unidad que nos da una identidad que nos distingue y la variedad de expresiones culturales, con sus diferentes orígenes y trayectorias, que la enraiza en el territorio y en la historia local, regional, nacional, e incluso superando las fronteras del país. 

3. Un antecedente reciente 

En el marco del debate abierto para la formulación del anteproyecto de Ley Federal de las Culturas se constituyeron en el ámbito de la Secretaria de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional del Ministerio de Cultura de Nación más de cuarenta foros que sesionaron desde el mes de diciembre del 2014 al impulso de dicho Ministerio y del Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas. La convocatoria tuvo escasa difusión. 

Más allá de lo extemporáneo de la misma, un grupo de compañeros decidimos participar en ese debate y constituimos el Colectivo Cultural Nuestra América con el objetivo preciso de observar nuestras discrepancias con el contenido de varios de los llamados “Núcleos temáticos para el debate de los 21 puntos para una Ley Federal de la Culturas”, herramienta que el Ministerio de Cultura propuso como eje de discusión y análisis en los Foros que se organizaron en los primeros meses del corriente año. 

Nuestro Colectivo Cultural presentó una ponencia crítica respecto de la orientación general esbozada en los núcleos temáticos en nuestro documento “Aportes y propuestas para preparación de proyectos de Ley” del que no hemos recibido comentarios. 

Más allá de los tratamientos legislativos del proyecto de Ley mencionado, consideramos oportuno y necesario generar nuevas instancias de debate y profundización de la cuestión, con una mayor participación de compañeros y compañeras y lograr una federalización efectiva. 

 4. Principios y premisas para el debate 

El itinerario es inexorable, y tenemos que prepararnos para recorrerlo. Y, aunque ello parezca contradictorio, tal evento nos exige desarrollar desde ya un profundo nacionalismo cultural como única manera de fortificar el ser nacional, para preservarlo con individualidad propia en las etapas que se avecinan. 
Juan Domingo Perón, Modelo argentino para el Proyecto Nacional 

Para una propuesta de política pública cultural partimos de los siguientes principios doctrinarios que sustentan y orientan el debate: 


  • La unidad nacional 
Es la base política y social de la Comunidad Organizada. No es una situación obligada ni estática. Por el contrario, es la manifestación de un compromiso activo que acepta con realismo las dificultades y proyecta un futuro común. 
  • Una sola clase de hombres: 
los que trabajan Las diferencias sociales existen. Sin embargo, “el trabajo hace la suprema dignidad del hombre”, instancia en la que logra superar otras diferenciaciones sociales, sin negarlas. Esta perspectiva de base ética y de mutuo reconocimiento permite una intervención justa y madura en las tensiones sociales. 
  • De la integración regional al universalismo 
La integración regional es una condición imprescindible para la constitución de una sociedad argentina justa, libre y soberana. Y es un paso ineludible en la construcción de un orden social y político mundial respetuoso de los pueblos. 
  • La paz 
Vivir en paz en un anhelo universal de los pueblos. Expresa lo mejor del género humano. El reconocimiento internacional creciente a la diversidad cultural, si es realizado con pluralismo y respeto, en un espíritu de encuentro, es un buen camino para lograr este objetivo. La Argentina aporta su experiencia de convivencia. 

Proponemos un conjunto de premisas para el debate de elaboración de una Ley Nacional de Políticas Públicas para Diversidad Cultural. 

• El sujeto básico, central y fundamental de nuestra cultura es el pueblo argentino

• Hay una única e indivisible cultura argentina, plural, amplia y diversa. Se nutre de infinitas contribuciones y con múltiples posibilidades de innovación que conforman una totalidad multifacética y heterogénea. Como producto histórico, transciende a cada generación, tanto por sus antecedentes como por su proyección.

 • Patria, Pueblo y Nación son términos que se entrecruzan y se integran. Ninguna formulación debe ser excluyente, sino por el contrario, está abierta a todas las vertientes, pero con la claridad que la cultura argentina es una amplia estructura con sentido. La cultura argentina tiene la amplitud de aceptar todas las expresiones genuinas de su identidad en su pluralidad. 

• La cultura común es un elemento primordial y fundante de la unidad nacional y de sus expresiones identitarias y, por ello, reclama prioritaria atención de los poderes públicos. En la Patria Grande reconocemos una cultura que nos abarca y da sentido propio a los esfuerzos políticos e institucionales. 

• La diversidad es inherente a la cultura argentina. Nuestra cultura es el producto de relaciones complejas que conforman estructuras con expresiones heterogéneas. Sin estas diferencias y sin el debido reconocimiento de la historia de las relaciones (muchas veces gravemente conflictiva, pero también ampliamente creativa e innovadora) nuestra Patria no nos sería reconocible. 

• Las identidades relacionales resultantes no son estáticas, sino por el contrario cambiantes, siempre referidas a un “otro” y centradas en distintos aspectos de la existencia. No permanecen cerradas, ocluidas, sino en diálogo, cooperación y confrontación con otras identidades, no sólo propias sino en el mundo globalizado.

 • La cultura es esencial en el combate siempre inconcluso por la emancipación y liberación de las naciones y los pueblos. Es en los significados que se presenta la principal esfera de definiciones políticas. Allí se da sentido al resto de la acción. Las políticas culturales deben fortalecer no solo los aspectos tradicionales y locales, sino también la capacidad de innovación y de la pertinente incorporación de elementos externos: y esta acción solo se soporta en lo universal visto desde nosotros. Actitud que sustenta lo que es una tarea compartida por el resto de los países sudamericanos en el proyecto de consolidación de la Patria Grande. 

• La Nación Argentina adoptó la forma federal. Las políticas culturales son competencia de los Gobiernos Provinciales así como del Gobierno Nacional. En la práctica, muchos de los ambientes culturales se relacionan por lógica con instancias gubernamentales provinciales o municipales; así como otros con instancias nacionales. Ante los desafíos actuales, es necesario fortalecer las estructuras gubernamentales de gestión cultural no solo en el nivel nacional, sino también (y quizás, sobre todo) en el provincial, así como en el municipal y en los colectivos territoriales. Esta ley debe alentar criterios de trabajo comunes que garanticen el ejercicio y goce de los derechos culturales establecidos por la Constitución, por la legislación, así como por las políticas públicas definidas en las instancias competentes.

 • Las políticas culturales están imbricadas con el resto de las políticas públicas. Primariamente, pero no solo, con las de educación, comunicación y trabajo. 

 • La diversidad cultural argentina es fruto de las interacciones de las poblaciones indígenas con las provenientes de otras latitudes. Nuestro pasado común se sustenta (en una generalización esquemática) en por los menos tres grandes matrices culturales; la andina, la guaraní-chaqueña y la pampeanapatagónica. La cultura española era una expresión de la matriz latina. Luego vendrían otras expresiones, provenientes de matrices afro, otras matrices europeas, del Cercano Oriente, etc. Desde hace cinco siglos se gesta así una cultura propia, mestiza y criolla que, a su vez, también tiene variedad de expresiones regionales. Así, hoy podemos reconocer en todo el país la heterogeneidad de manifestaciones de acentos, tradiciones, sin embargo también de unidad de valores. Ambas se expresan en identidades particulares y en el reconocimiento en la misma identidad nacional. Nuestra configuración de la diversidad cultural tiene correspondencias y entrecruzamientos parciales con las configuraciones de los otros países de la Patria Grande. 

• El ejercicio pleno de la igualdad tiene un claro componente cultural, de reconocimiento de derechos humanos en este campo, algunos de ellos consagrados en la Constitución Nacional. La definición explícita del conjunto de derechos culturales debe estar reconocida por la legislación y acompañada de políticas culturales de descentralización y desconcentración que acaben con la sobrevaloración mitrista del puerto y la importación cultural (con su componente de subsidio de todo el país al consumo cultural de las clases medias y altas porteñas). La igualdad debe manifestarse no solo en acciones equitativas que reconozcan las formas genuinas actuantes, sino también en planes de reparación histórica por la secular desatención del Estado Nacional al interior. 

• El derecho a la cultura (entendido como el de gozar de las posibilidades de participar activa y en libertad plena en todo el ciclo de creación, expresión y disfrute de acciones y bienes culturales) debe ser internalizado por el pueblo argentino, como ya lo es el derecho a la educación y a la salud. Solo así podrá organizarse activamente y exigir a los poderes públicos el cumplimiento de las acciones necesarias para su efectivización. 

• Por la experiencia histórica argentina, el trabajo en sí y el mundo del trabajo en general debe ser entendido como núcleo fundante de la vida cultural argentina; sus formas de organización y el hacer cotidiano de nuestro pueblo vertebra la vida cultural de nuestro país.

 • La acción cultural descentralizada, de base popular, precisa del compromiso y movilización de todos los recursos existentes y disponibles en la Nación. Clubes de barrio, sindicatos, asociaciones de diverso tipo (religioso, deportivo, empresarial, gremial, centro de jubilados, etc.) poseen infraestructuras y capacidades organizativas que apenas han sido utilizadas en la aplicación de proyectos culturales. Constituyen un entramado latente, producto histórico argentino, a la espera de ser convocado y apoyado para la dinamización de la cultura en el desarrollo de la Comunidad Organizada. Cultura, Deporte y Sindicalismo pueden conformar una plataforma de un nuevo bienestar del pueblo argentino. 

• La gestión de las políticas públicas culturales deben apoyar y promover al desarrollo cultural del pueblo argentino, en sus variantes y diferentes niveles – desde las potencialidades personales hasta el conjunto de la población- y de ninguna manera privilegiar a las burocracias y corporaciones. 

• Si bien todo arte es cultura, no toda la cultura es arte. La Ley debe garantizar la libertad creadora y la igualdad de acceso al arte en sus diversas expresiones. Su atención debe ser tarea indelegable del Estado, en cuanto promover a los creadores, artistas y trabajadores en su labor en el ámbito privado, comunitario así como los que se desempeñan en organismos públicos. La promoción de la creación artística como expresión libre debe abarcar tanto a artistas consagrados, como a no consagrados. 

• En el mundo contemporáneo la cultura se manifiesta no solo en expresiones de raíz tradicional o en realizaciones artísticas bajo el influjo de la academia, también se presenta en forma preponderante a través de las realizaciones de las industrias culturales, que son mayoritariamente “industrias de la comunicación”. Las políticas culturales deberán promover no solo la producción, sino también la constitución de mercados con reglas claras que aseguren el ejercicio de los derechos culturales y la competencia sin concentraciones. En los procesos de integración regional, se debe afrontar el desafío de promover mercados de productos de las industrias culturales que promuevan el conocimiento mutuo como base de una identidad regional fortalecida. 

• La Cultura es diferente que el entretenimiento. Urge establecer una clara diferenciación entre creaciones de la más diversa índole, del diseño de acciones en lenguajes artísticos con excluyentes fines de lucro. Esta diferenciación podrá establecer políticas y económicas claras para las distintas expresiones. 

• Como toda política pública, y aún más por la temática, la cultura requiere de una perspectiva firme y realista de integración regional sudamericana y latinoamericana que impregne el desarrollo del conjunto de las políticas públicas, incluyendo la cultural.

 • Las políticas públicas culturales precisan de institucionalización con instancias participativas de organizaciones de la comunidad argentina y de los poderes públicos provinciales. Es imposible abarcar la infinita diversidad cultural argentina sin tomar en cuenta las voces que surgen de las realidades locales y provinciales. La ley debe crear el o los órganos de debate, concertación y consulta necesarios para garantizar la aplicación eficaz de las políticas. Es imprescindible la creación por ley del Consejo Federal de Cultura, como instancia de coordinación programática de las estructuras provinciales y la nacional, con alguna participación de representantes de sectores con responsabilidades en el desarrollo cultural, como trabajadores y empresarios. Como hipótesis de trabajo se plantea la creación del Consejo de Políticas Públicas Culturales, con representación tripartita, del sector público nacional y provincial, el privado y el social, en todos los casos relacionados con la finalidad cultural, con asistencia de entidades académicas y organismos estatales. Este Consejo deberá respetar en las representaciones sectoriales la proporcionalidad regional, de modo que resguarde su carácter federal, y evitando reproducir el centralismo y el corporativismo. El Consejo tendrá funciones de debate, asesoramiento y acompañamiento de los órganos gubernamentales, con reuniones anuales o bianuales. Promoverá las sinergias entre el sector público con el privado y el social. 

• Establecer las estrategias de financiamiento, en sus diferentes modalidades de acuerdo a las necesidades y objetivos planteados. La problemática de la cultura se expresa en las más variadas escalas, tanto en términos de recursos involucrados, como en la extensión del territorio, con involucramiento de actores muy distintos, activos en los tres sectores. Para dar respuesta a situaciones tan variadas se deben prever multiplicidad de posibilidades, acordes con los criterios políticos expresados. 

• Por último, definidos los lineamientos políticos generales, será necesario construir una agenda de desarrollo cultural que atienda a las distintas formas y lenguajes expresivos, a los colectivos etarios y de género, a las expresiones de las identidades étnicas originarias y tradiciones no originarias, a los procesos de regionalización argentina (nivel subnacional) y sudamericano, a la conservación, desarrollo y acceso al patrimonio, a la universalización de la cultura argentina en su diversidad, a las industrias culturales, a la promoción de la creatividad, a la relación ente cultura e innovación tecnológica, al apoyo a las acciones de inclusión y desarrollo social, a la inserción de la cultura en las prácticas cotidianas, etc. 

Ante el avance inexorable de un proceso de confirmación de la voluntad popular, somos conscientes que la cultura es un campo de debate, confrontación deconstrucción y construcción desde cada lugar en el territorio hasta en el espacio global. La trascendencia geopolítica de la dimensión cultural en el mundo es hoy inequívocamente evidente. Los hechos de relevancia mundial que nos anoticiamos día a día, con los usos espurios y elitistas de los procesos de producción cultural y de alteridad creciente provocada, nos deben llamar la atención sobre la gravedad de la situación contemporánea.

Nuevamente nos convoca esta extensa Patria grávida de futuro para cumplir con las aspiraciones de nuestro pueblo. 
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Con la propuesta de debatir y adherir al documento “Una Extensa Patria Grávida de Futuro” producido por el Colectivo Cultural Nuestra América,  para promover un Ley Nacional de Políticas Publicas para la Diversidad Cultural, 

Para conformar un espacio cultural desde el peronismo como  aporte a la campaña del compañero Scioli,   

La convocatoria del pasado miércoles, en el local de UPCN, Misiones 26. CABA, fue  presidida por:

Andrés Rodriguez, Sec. Gral de UPCN,
Juan Tangari, Secretario Cultura UPCN ,
Leticia Manauta, UPCN
Roberto Grabois
Javier Mourinho, Banco Provincia
Ernesto Jauretche, Colectivo Cultural Nuestra América
Daniel Gonzalez, Colectivo Cultural Nuestra América
Eva Piwowarski, Colectivo Cultural Nuestra América

Asistieron  97 compañeros, entre representaciones de agrupaciones políticas, de la Intersindical de Cultura de la CGT,  de delegados gremiales ed UPCN en organismos vinculados a la cultura, de artistas, académicos, pensadores  y gestores culturales, que podemos citar:

Francisco Pestanha, jefe de gabinete UNLAM, Pensador, escritor.
Ricardo Santillan Guemes, Antropologo
Hugo Barcia, Escritor
Leonardo di Napoli, actor
Hector Olmos, profesor de letras
Jose luis castiñeira de dios, músico
Hamurabi Naufori, director de la carrera de Gestión Cultural UNTREF
Daniel Rios,  Director Departamento de Arte, UNDAV.
Martin Garcia, comunicador. Agrupación Oesterheld
Victor Shajovitz, Director AATECO
Mariano Keena  y compañeros de la Agrupación Fermin Chávez
Diego Abatecola, comando de campaña Daniel Scioli
Ariel Magirena,  periodista
Mariana Baranchuk,  periodista
Vivian Elem, Radio Grafica
Gabriel  Fernandez, La Señal medios
Juan Cruz, Peronismo militante
Beto Sprejer,  Movimiento Evita
Raquel Gluzman, Periodista
Julieta Lutz,  Agrupacion juvenil  Conapla
Rogelio Dominguez,
Helio Garcia, Delegado germail Sonfinica Nacional
Guillermo Farfan, Sec . legal y técnico UNJU
Hector Shargorovsky, Director Maestria en Ind. Culturales Ciencias Economicas UBA